Renacho Melgar es ese muchacho que aparece ahí, en las ilustraciones: el artista gráfico, el dibujante, el prestidigitador de mundos tan universalmente salvadoreños. De sus manos nacen jaguares que se multiplican; Xipe Tótec, Junajpú e Ishbalanké vuelven a encontrar un lugar en la cosmología urbana de los barrios de esta capital, atravesada de lanzas y símbolos. Renacho ha sido un estallador de mundos, un cronista de fiestas y carnavales, un inventor de universos que narran historias tristes y maravillosas. Pero, sobre todo, Renacho es el mago que sabe todo lo que habita dentro de un lápiz.